Luis de leon

DIAS NUBLADOS

Hay días en que el cielo parece entenderme,

se pinta de gris como mi pensamiento,

y aunque afuera la vida siga su rumbo,

por dentro me quedo viviendo en el recuerdo.

 

Hay días nublados desde que te fuiste,

desde aquella tarde en que cambió mi suerte,

porque aprendí que también duele el silencio

cuando uno todavía quiere a quien pierde.

 

A veces quisiera regresar el tiempo,

volver al instante en que te conocí,

decirte despacio todo lo que siento

y abrazarte fuerte para que no te vayas de mí.

 

Porque tú no fuiste solamente un amor,

fuiste una parte de mi historia,

de esas que aunque pasen los años

se quedan tatuadas en la memoria.

 

Todavía recuerdo tus ojos,

esa forma tan tuya de mirarme,

y aunque quisiera borrar lo vivido,

mi corazón no aprende a olvidarte.

 

Qué extraño es extrañar a alguien

que alguna vez estuvo tan cerca,

tener tantas palabras guardadas

y no encontrar una sola puerta

para poder decirte cuánto me haces falta.

 

Hoy miro al cielo cuando está nublado

y me parece escuchar tu voz,

como si entre las gotas de lluvia

todavía quedara algo de los dos.

 

Y entonces comprendo

que no siempre se deja de amar

cuando una historia termina;

a veces uno aprende a querer en silencio,

a recordar sin tocar,

a extrañar sin buscar,

y a sonreír por fuera

mientras por dentro vuelve a llover.

 

Si algún día preguntas por mí,

quizá te digan que ya estoy bien,

que aprendí a caminar sin tu mano

y que ya no pronuncio tu nombre.

 

Pero nadie sabrá

cuántas noches te he pensado,

cuántas veces he querido llamarte,

ni cuántas canciones me han encontrado

con el corazón hecho pedazos.

 

Porque hay recuerdos que no mueren,

solo aprenden a quedarse callados.

 

Y tú eres uno de ellos.

 

Eres esa fotografía que no tiro,

esa canción que todavía escucho,

esa historia que no cuento completa

porque todavía me duele el final.

 

Quizá algún día deje de llover,

quizá vuelva a salir el sol,

quizá la vida me enseñe

que también se puede amar sin dolor.

 

Pero si alguna vez me preguntas

qué significaste para mí,

no tendré que pensarlo demasiado:

 

fuiste el amor que llegó sin avisar,

el recuerdo que no se marchó,

la herida que aprendí a cuidar,

y esa persona que,

aunque ya no esté conmigo,

todavía vive en una esquina

de mi corazón.

 

Y si mañana vuelve a amanecer nublado,

no voy a culpar al cielo.

 

Voy a recordar que alguna vez

bajo un cielo parecido al de hoy,

te tuve entre mis brazos,

te dije que te quería,

y por un instante…

 

sentí que tenía todo lo que necesitaba.

 

Ahora solo me queda la nostalgia,

el eco de tu voz,

los recuerdos de nosotros

y este amor que, aunque duela,

todavía no sabe decirte adiós.