Breve tratado de lo inconquistable
No hay rutas trazadas, solo un sueño en su vertiginoso paso hacia el abismo. Y de nuevo deambular por la ciudad, seguir la línea del horizonte, perderse entre páramos y bosques. Esta urgencia de pensar al aire libre, este respiro de las ideas cuando se anda.
Caminar, ¡oh, libertad primaria!, redescubierta cuando se zarpa hacia la conquista del gesto más antiguo del cuerpo: avanzar y respirar, arrancarle al camino un suspiro de paz y por un instante la certeza de haber llegado a un destino. Y de un solo tajo cortar con la espada el nudo de Frigia y tomar el Oriente.
Estos pasos que nadie puede andar por nosotros, este tacto de las cosas y de los vientos que vienen a nuestro encuentro. Y el recuerdo siempre atrás como un cerco de púas, una ciudad intangible en la memoria, la otra linde donde los hombres enferman de miedo.
Ya es hora de cerrar las ventanas, echar llave a la casa, correr el cerrojo del portón y pensar que nada hemos olvidado: despojarse de la duda de haber dejado el grifo abierto o la llave de paso del gas sin seguro. Y cargar con la certeza del agujero sin pomo en la puerta, del perro en casa de un vecino y del gato que se ha ido.
Al otro lado esperan inconquistadas decepciones. Pero es necesario andar en esa dirección para merecer la autoridad del fracaso.
Ir más allá de la quietud, de las promesas y de la alcoba, hacia todo lo que necesita volver a nombrarse, a las orillas de los mares, allí donde el hombre es otro y se mezcla con el sol y la sal y el olvido. Un lugar cavado en medio de la noche, hirviendo de estrellas muertas.
Es hora de anular las pausas, quiero decir las comas y los puntos; doblar en esta esquina o en la otra, orillarse a esta sombra o a la otra. Ir hacia otros miedos, otros fríos y otros días. Hacia la profundidad de los moluscos marinos en espiral y regresar a la superficie, hacia el vuelo de los pájaros. Ir y venir, y volver.
Ricardo Castillo
De: Malos poemas
Imagen: Caspar David Friedrich, El monje junto al mar (Der Mönch am Meer),
1808–1810. Óleo sobre lienzo, Alte Nationalgalerie, Berlín.