Será lo subversivo, lo invisible.
Un no-lenguaje,
entre mis dedos y pestañas.
Cada aparición como un actor,
cada palabra como testigo.
Mis ojos encadenados,
prófugos de mí:
yendo a ti,
a tus cabellos de ave imposible.
Cada pensamiento está infectado con tu existencia.
Cazadora de mi razón,
todos los días me atrapas,
me devoras,
lentamente a lo largo del día,
me convierto en tu alimento,
en un aliento nacido para darte vida.
En la locura de los desconocidos,
en el anhelo de los ateos,
me pregunto si dios conoce tu silencio,
si es que acaso antes de todo,
existía ese silencio que inventa el infinito,
infinito que cabe entre tu soledad y la mía.
¿Lo sabrás acaso?
Que hay de esa teoría estúpida que me atraviesa,
de esos aromas putrefactamente preciosos.
Nacen hilos a lo largo del cosmos,
tejen tus ojos,
dolorosos y omnipresentes.
Hilos entrelazados,
realidades pasajeras
trascendentales.
Los ecos de una noche resuenan en la vida.