Esa posesión que se veía en
los ojos de ese chico, era
aterrador porque él creía que
eso era amor, pero tú y yo
sabemos que está equivocado.
Sus manos tocaban mi cintura
como una muestra de dominación,
él no veía el miedo que tenía,
solo miraba mis labios rosados
y vírgenes.
Cuando logré escapar, él buscó
otra muñeca de porcelana, sentía
lástima por ella, pero al menos
ya no era mi cárcel, estoy libre
y con una nueva vida feliz.
Qué equivocación tan grande,
busque una nueva jaula y esta
vez no hay escapatoria, sí, volví
a cometer ese mismo error, pero,
él me juró amor, qué ilusión tonta.