Bolivar Loncaric Pedro

EL OTRO LADO DE LA CAMILLA

Aún guardo en la piel el frío de la espera,
aquel año veintitrés de sombras y de calma,
cuando la vida pendía de una hilera
y un injerto de vida germinó en mi alma.
 
Atrás quedó el silencio, el miedo, la tormenta,
el eco de las máquinas midiendo mi latido;
hoy la memoria es luz que me alimenta,
sabiendo de qué barros el cuerpo se ha nutrido.
 
Hoy cruzo los pasillos con paso diferente,
ya no visto la bata del que espera el milagro;
camino entre el bullicio, mirando al paciente,
curando las heridas del dolor en el que habito. 

No busco las respuestas en carros de curas,
ni en fríos protocolos que dicta el manual;
yo llevo en el pecho la mejor armadura:
la hermosa empatía de un don celestial.
 
Yo estuve en su sitio, yo sé lo que asusta
la noche en vela, el roce del viento,
por eso mi mano consuela y se ajusta
al miedo que habita en su sufrimiento.
 
Hoy abrazo la vida con fuerza y paciencia 
dejando en el alma la luz del ayer,
pues vivir el milagro no es solo existencia, 
es dar a los otros el don de crecer.
 
Miro al frente sin miedo, con paso seguro,
el pasado es camino, el presente es mi altar,
Y sembrando sonrisas yo pinto el futuro
con las ganas inmensas que tengo de amar.
 
Gracias a Dios que me dio el renacer,
hoy cuido, hoy sonrío, hoy vivo con ganas;
el milagro no fue solamente vencer,
sino ser la esperanza de cada mañana.
 
Hoy con fuerza, borrando la herida, 
con las ganas metidas muy dentro del pecho,
agradezco el milagro de esta nueva vida,
Y celebro el camino que ya se ha hecho.