Agua Vieja
Hay días en que me pesa hasta el dobladillo del pantalón,
días en que miro mis zapatos
y les pido perdón por haberlos llevado
tan lejos.
Un hombre se sienta a la orilla del camino
y no pide nada:
solo mira sus manos como dos extrañas
que trabajaron todo el día para nadie.
Huele la tarde a agua vieja.
El amanecer se clava en el costado
y no hay nadie en la cocina para decir: toma, bebe.
Nos hemos gastado la carne en defender el nombre.
Hoy pido perdón por mi abrigo,
por la ración de pan que a alguien le falta,
por tener que cargar con esta sombra
que no da sombra a nadie.
Autor
© Nelly Cevallos-Liora
28 de septiembre al año 2026