May Tar
Amo el cambio, pero...
Lo monótono me aburre.
Me aburre lo mismo, lo simple.
Me divierte lo nuevo,
las experiencias o algún que otro reniego.
Amo el enojo, amo la tristeza, amo la felicidad.
Amo lo cambiante,pero odio la incertidumbre.
Odio no saber, no poder predecir lo que pueda pasar.
Odio lo que no puedo manejar
y lo que se me puede escapar.
Odio lo que se me escapó, y amo lo que fue,
aunque no sé si puedo recuperarlo.
Amo el amor, pero odio las etapas.
Estemos en un mambo dulce, bailando entre nubes.
Pero a veces me gusta caminar sobre fuego,
sobre el infierno.
Darle picor a ese vínculo
para que no se vuelva aburrido.
Y a eso voy: amo el cambio.
Amo que a veces caminemos
y otras nos detengamos a escuchar esa incomodidad.
Amo el cielo y amo el infierno.
Pero odio tu cambio.
Amo tu persona anterior,
ese acentito, esa dulzura,
ese carisma que era mío, solo mío.
No porque fueras mío, no por apropiarme de ti
sino porque ese vos fue el que conocí.
Te veo intentando ser alguien,
y lo que me atraia de ti es que no eras el igual de nadie.
Y odio admitirlo, pero esta versión tuya...
me es ajena.
Odio hoy tu acento,
odio tu simpleza.
Pero amaba tu autenticidad,
tu curiosidad, tus letras.
Amaba lo tan aparte que eras de los demás,
y odio que hoy seas como los demás.
Como el resto. Como la ruina.
Como la seriedad. Como lo poco amigable.
Amo el cambio, amo lo nuevo,
amo que nada permanezca igual.
Pero cuando cambiaste vos,
extrañé lo que eras. Porque lo que eras, era mío.
Y lo que sos ahora es tuyo, es de ellos,
es de todos... menos de mí.
Y quizás eso es lo que más extraño:
no solamente a la persona que fuiste,
sino la sensación de haber conocido una parte tuya
que ya no existe.
Amo el cambio, pero a veces te extraño.