Escucho ese son de guitarras evocar mi pena…
marcándole el ritmo a mi melancolía,
abriéndole paso a mi inspiración atrapada,
destapando ese caudal reprimido…
que busca una excusa para expresar su desasosiego.
Me dejo llevar por su contagiosa melodía…
y me veo navegar en su torbellino irremediable…
rio abajo…
donde se supone…yacen algunas fantasías… inservibles.
Otro viaje por ese indefinido insomnio…
donde el protagonista sigue siendo tu abandono,
otro peregrinaje sin control…
buscando lo que ya no existe,
porque cuando te fuiste…
tu adiós se sentenció…
con la convicción de que fue definitivo.
No sé si tiene sentido insistir en parafrasear mi angustia.
¿Que gano con seguir con esta obstinación…
siempre tratando de resistirme a lo establecido?…
si sé bien que nada cambiará por más que lo desapruebe.
No tengo ningún poder que modifique el destino,
ni puede persuadirle a tu tozudez…
para que detenga la felonía a la que fui sometido.
Pero cumplo mi inútil misión…
dejando por escrito esta última reflexión…
ante la mentira agraviada…
de que el amor lo puede todo.
Escucho ese son de guitarras evocar mi pena…
marcándole el ritmo a mi melancolía,
brindándole una oportunidad a mi desahogo…
para evitar acrecentar mi pena.
Porque nadie debe morir de amor…
si no fue sinceramente correspondido,
porque si hubo traición…olvidar es un acto legal…
y está plenamente permitido.
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