ignacioL

India

Esa noche en la que el silencio que me provocaba tu mirada, aún pegado a la barra, me traía paz mientras me perdía entre tus ojos negros, tu actitud de niña y aquella cintura perfecta que lucías al bailar.

Tu sonrisa contagiosa, esa espontaneidad que parecía acompañar cada movimiento y esa vibra especial que salía de lo cotidiano hacían que una noche cualquiera terminara teniendo algo diferente.

Olvidarnos de nuestro papel era imposible, pero con bailar cinco minutos hubiera sido suficiente.

Nunca sabré cómo habría sido, porque aquella noche siempre nos encontró cerca; lo suficiente para recordarnos, pero nunca lo suficiente para acercarnos.