Oscar Valero

Nuestra historia.

Todo empezó

un ocho de agosto,

un mes primaveral

donde las aves

suelen el cielo surcar.

En una tarde veranera

eché mis miedos a la nevera

y decidí salir

en busca de una oportunidad.

El miedo

y la incertidumbre

cubrían mi cuerpo,

pero en mí había un anhelo

que me obligaba a seguir.

Acudí al sitio del encuentro

bajo un tormento

de desasosiego y temor,

no por lo que pudiera pasar,

sino por lo que pudiera negar.

Llegué

con el temor típico

de que tus miedos

te alejaran de mí,

como yo buscaba

que los míos

me alejaran de ti.

Sin embargo,

empoderé mi alma

y respiré profundo

para mantener la calma,

y me encaminé

hacia ti.

Hice sonar mi teléfono,

y al otro lado

escuché acentuarse

tu melodiosa voz.

A pesar de que esperaba

que no contestaras,

tu voz pude escuchar,

y entonces

tu imagen apareció

por el portón

de tu casa.

Eras mejor

de lo que había imaginado.

Estabas ahí,

con tu cabello rizado,

tus ojos amarillos,

que a mi alma

le dieron brillo,

y tu sonrisa nerviosa,

que te acompañaba.

Entonces

nos vimos a los ojos,

y supe

que aquí

todo empezaba.

Hoy

no solo estás

en mi mente,

sino que eres

mi presente,

mi realidad

y parte de mi alma.

No puedo decirte

que espero tenerte

por el resto de mi vida,

pero sí que añoro

que estés

en mi día a día.