Empezamos por un día
sin saber lo que el destino
arreglado nos tenía
y ese amor fue peregrino.
Con los años, el cariño
que sentimos al mirarnos,
se olvidó que fuimos niños.
Terminamos por amarnos.
Me buscabas y sabías
que al vernos, poco a poco,
tu pasión y mi alegría
se unirían en un todo.
Nuestras vidas se juntaron
y partieron nuestros cuerpos
hacia tierras que tomaron
por suyos nuestros recuerdos.
Once fueron las caricias,
once fueron los anelos,
once páginas escritas
y un once de amor eterno.
La distancia encaprichada
en romper con nuestro laso,
día a día lastimaba
nuestro amor y nuestro pacto.
Y en acuerdo con el tiempo,
tantos miedos y rutina,
fatigaron nuestros sueños.
De la flor quedó la espina.
No pudimos renacer
o no quisimos hacerlo,
ya no supimos crecer
ni siquiera comprendernos.
Dejé abajo las cenizas,
abrí de nuevo mis alas
y por mi boca sonrisas
nacieron desde mi alma.
He volado mucho cielos,
he vivido amores bellos.
Dos botones que en mi seno
florecieron siendo ellos.
Si algún día mi destino
a otros brazos me llevara,
que ya no sea peregrino
y romántico me amara.
Serenatas, flores bellas,
caminatas de la mano
y mirando las estrellas
de mi otoño haga verano.
25 de sep 2026
© Copyright Juan Aguiar
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