Un día conocí a alguien que era diferente, tenía un gran corazón, un alma tan inmensa que no cabía en este mundo, sufrió lo indecible por años; junto a él pasé bellos momentos y también otros llenos de dolor por ambas vidas que nos dieron una época difícil que nos fue uniendo más en esa amistad que fue tan sincera.
Fue un amigo, un gran compañero que infundió en mí un criterio de vida bello y lleno de alegría; su música era nuestra mejor forma de compartir lo que hasta ese momento fue nuestra dura realidad.
Sabía que un día alguno partiría primero; solo sabía que la vida un día nos separaría, mejor dicho, la muerte, porque ambos estábamos ya diagnosticados. Así las cosas, nos daban más pena que alegría, pero el refugiarnos en el otro era encontrar una salida a lo que día a día nos separaba.
Los años pasaron; ambos en las vidas de cada uno nos dieron paz que sabiamos un día nos faltaría por la partida de alguno de los dos hasta que…
Lo recuerdo a diario; para mí no ha muerto, solo que su presencia está en algún otro lugar en donde no puedo ir por ahora, pero que me espera y que me añora como yo a él cuando escucho su música y su voz grabada en mi mente.
Hay vidas así, hay almas así que, aunque no sean reales en vida, son todo en medio de un mundo que no los quiere y que los discrimina, que nos ha alejado de todo lo que es real para los demás, pero que para otros es solo un momento en la existencia y que se irá de un momento a otro, que por ser un amor de almas superará todo lo de este mal mundo y será de verdad la vida eterna.
“Gorka… hoy y siempre en mi mente, habitas en mi corazón como mi sangre y en mi alma estás tan vivo como una vez te vi, te sentí y te viví… Nunca morirás porque eres mi pasado, mi presente y mi mañana en nuestra eternidad.”
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Dolores Luna.
Anna. 🥀
Septiembre 27. 2026.
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