En algunas reuniones,
un joven perdido,
buscaba distorsión.
Rebeldía como anhelo.
La braza que incrementaría el frío,
el humo por necesidad de respirar,
intoxicación como forma de alivio,
y la confusión para una nueva conciencia.
Entre la risa y la torpeza
una mente se extraviaba,
durante un viaje onírico,
en medio de la vigilia.
Solo importaba que la familia no lo supiera.
Mejor disimular la decadencia,
incluso cuando el hambre y el sueño venían,
a la mañana siguiente habría terminado.
Y así, durante tantas noches
y tantos días,
una historia se contaba
y otra historia se perdía.
© Elías Iguini, 2026. Derechos reservados.