Nkonek Almanorri

DE LA IMPORTANCIA DE LEER DIFERENTE.

 



De ello se acaba, siempre e irremediablemente, escribiendo diferente:

 

Cuando queramos decir la verdad

a la gente hagamos que se rían

o en su caso que se paren

a pensar. De lo contrario 

tarde o temprano nos

matarán.

 

Esta frase, escrita para la posteridad en una de mis libretas de anotaciones, creo haberla recogido del libro “Por qué no soy cristiano”, del escritor y filósofo Bertrand Shaw, desde entonces me reafirmo en la idea de que huir de lo que cualquiera escribe es una de las claves para estar bien informado.



La Sombra: Hace mucho tiempo que no

te oigo hablar; ahora te ofrezco la

ocasión para que rompas ese

silencio tuyo.

 

El viajero: ¿Quién habla ahí?

¿Dónde es? Es como

si oyera hablar a mí

mismo, sólo que

con una voz

más débil

que la

mía.



La Sombra: ¿No te alegra 

de tener una ocasión 

de hablar?

 

El Viajero: Sí,

pero…

 

Frase ésta de Friedrich Nietzsche en su libro “El viajero y su sombra” recogida al principio de “Los intelectuales y la utopía” del dramaturgo y buen amigo Alfonso Sastre (QEPD). Con la entrega en mano de este librito de tan solo 70 páginas Alfonso me pidió , en 2005, que lo leyera con atención dado de que en un futuro próximo la realidad de lo que, me dijo, se lea y escriba sería muy diferente e importante. Esto fue, repito, en 2005.

 

Hoy, año 2026, parece ser que aunque de manera muy lenta, se está volviendo a descubrir en este mundo de hoy cada vez más violento ese placer a conversar con personas cercanas que aúnan el saber, el conocimiento y la sabiduría y la memoria. Hace unos días tuve la suerte de conocer a un ciudadano africano, senegalés en Euskadi - sin papeles de residencia y por tanto sin trabajo aunque protegido socialmente por varias instituciones de ayuda humanitaria - que me contó que aún en muchas aldeas de alejadas de los grandes centros de población de países como Malí, Senegal, Guinea Ecuatorial, Costa de Marfil existen los griots y que en la cultura prehispánica de Canarias eran los amusnau: personas que se reunían a la caída del sol para proseguir con la cultura de la oralidad, para que la memoria no se perdiera. En este sentido, hoy, la cuestión es detener el mundo interior, volver a recuperarlo, hablar pero también y más que nada escuchar, oír de lo que en muchas circunstancias de un pasado reciente se dejó de saber.