Alexitimia
​Mi pluma va a plasmar
la sombra del silencio indescifrable,
capaz de congelar,
con velo impenetrable,
el mundo de la pena y lo inefable.
​Un verso al sentimiento
que habita en el penar de la mirada,
donde el abrumamiento
de toda voz callada
no encuentra la palabra deseada.
​En el fondo del ser,
palpita un mar de chispas y emociones;
y no logra saber,
en sus cavilaciones,
ponerle nombre a tantas sensaciones.
​Siente en el pecho un peso,
un nudo en la garganta o un ardor;
mas no traduce eso
en llanto ni en dolor,
ni sabe si es tristeza, miedo o amor.
​La mente busca en vano
el verbo que defina el laberinto;
el trazo de la mano,
el ciego y puro instinto,
se pierde en un éter sin recinto.
​El cuerpo habla por dentro,
traduce en la presión o en el latido
el punto del encuentro,
el golpe no advertido
que el alma en su rincón ha padecido.
​Sudor nace en las palmas,
o el pulso acelerado en el desvelo;
son huellas de las almas
que buscan bajo el cielo
el aire masticar y estar al vuelo.
​Y la razón no entiende
la clave y el mensaje del esquema;
el fuego no se enciende,
la voz no rompe el tema,
y el labio se resigna a su dilema.
​De frente a la que ama,
quisiera desplegar el sentimiento;
decirle cómo clama,
con ciego pensamiento,
la dicha que germina en el momento.
​¡Y el gesto que no brota,
la cara permanece osada y fría;
parece el ansia ignota,
distancia o apatía,
cuando por dentro es pura poesía!
​El ánimo está vivo,
es denso, transparente y verdadero;
mas queda fugitivo,
sujeto en un tintero,
sin hallar el camino ni el sendero.
​La entelequia es enorme,
el sueño se adecúa a lo tangible;
no hay duende que transforme
la noche impredecible,
sino el dato directo y perceptible.
​Prefiere la estructura,
el hecho, la certeza y la medida;
evita la aventura
de la pasión suicida,
que enreda los caminos de la vida.
​Es un mundo sin velo,
de lógica precisa y transparente,
que mira el propio suelo
o el aire transigente,
sin adornar la luz que da el presente.
​No es falta de sentir,
ni un corazón de piedra desgastado;
es luz para decir
el grito acorralado,
el mapa que al pensar ya se ha borrado.
​Aprender el breviario
de cada reacción como tordella;
romper el dintel diario,
buscar la misma estrella
que en medio de la niebla hace centella.
​Descifrar el latido,
darle cauce al impulso insatisfecho;
que el alma encuentre oído,
y el nudo que fue estrecho
amplíe la admisión y guarde el pecho.
​¡Silencia oh verso el tono,
mas no la comprensión a la garganta;
sin juicio y sin encono,
la lira hoy levanta
su canto a la emoción que al fin se canta!
​¡Luz en el laberinto,
viaducto que une el cuerpo con la voz;
que el alma en su recinto
fracture el miedo atroz,
hallando en la palabra portavoz!
Samuel Dixon
Achuapa - León, Nicaragua
26 de septiembre, 2026