El ser humano
queda inmerso
en un refugio silente.
La conciencia
emerge libre
y queda suspendida
en la somnolencia.
Se vive una vida
con emociones
e imagenes en un
mundo irreal.
Los recuerdos son
como ventisca
y queda un vacío
en lo abisal del alma.
Sin un trazo
con el despertar
se cruza el umbral
donde flota el olvido.