Me cagaste la vida.
Me partiste el alma, h de p.
Y conste que pongo h de p
para no salir bloqueado de esta situación,
porque si no...
si no te lo pongo hasta en MAYÚSCULAS.
Y lo peor...
lo peor es que todavía te quiero.
¡Qué tipo más boludo!
Mirá qué mierda.
Después de todo lo que pasó,
después de ti,
y ahí me acuerdo de esa canción:
“Después de ti...”
No sé qué mierda sigue.
Bueno, sí sé.
Pero qué carajo hago yo con esa canción
si siempre vuelvo a ti.
Hasta pensando.
Soy un boludo.
Después de todas esas noches pensando qué carajo hice,
qué carajo hice mal,
qué mierda me faltó...
te sigo amando.
Te sigo amando.
Te sigo amando.
Parezco un disco rayado.
Qué mierda.
Pero es la realidad.
Te sigo amando. Bis.
No sé si quedó claro.
Y no sé qué hacer con eso.
No sé qué mierda voy a hacer con mi futuro
si cada vez que pienso en mañana
aparecés tú, loca de mierda.
Y no.
No es un capricho.
Eso dijiste.
Que era un capricho.
Que ya se me iba a pasar.
¿Y cuándo se pasa?
¿Eh?
¿Cuándo se supone que se pasa?
¿Tengo que ir a un psicoanalista?
¿A un psiquiatra?
¿A un tipo que me explique
por qué carajo uno sigue queriendo
a alguien que le rompió el corazón?
No sé.
Capaz estoy enfermo.
Capaz es una obsesión.
Capaz es cualquier cosa.
Pero yo sé una cosa.
Una sola.
Te sigo amando.
La puta madre
...
te sigo amando.
Y no tengo otra explicación