Quien se viste, se ducha y se calza,
sale a la calle, repite sus pasos
y el fin de semana descansa.
Vuelve a su casa, se quita la ropa,
se pone el pijama
y se mete en la cama.
Enciende la tele,
se pierde en las redes
y vive enchufado o enchufada.
Consume su tiempo,
se cree despierto
y actúa con inercia.
¿Cree que sabe ocupar bien sus días
sin advertir siquiera que los gasta?
Y lo que hace, realmente,
es ejecutarlos.
Mientras, día tras día, entre rutinas y pantallas...
vive su vida
como si fuese una máquina.