Bosque de Cenizas

Ya nadie quiere amar

Ya nadie quiere amar como se amaba antes,
con cartas escondidas y promesas delirantes,
con poemas mal escritos, pero sinceros,
con un “te extraño” dicho sin tantos peros.

Ahora se ama deprisa, se quiere a medias,
se guardan sentimientos, se inventan estrategias;
si escribes demasiado, parece intensidad,
si dices lo que sientes, pierdes dignidad.

Ya nadie manda cartas perfumadas,
ni deja entre sus páginas flores disecadas,
ya nadie escribe versos pensando en una voz,
ni dedica canciones diciendo: “esta es de los dos”.

Las flores tienen fecha, motivo y ocasión:
cumpleaños, aniversario o reconciliación.
¿En qué momento regalar por simplemente amar
se volvió algo tan raro que hay que justificar?

Ya nadie habla de frente por miedo a parecer
demasiado sensible, demasiado fácil de querer.
Nos enseñaron a callarnos, a fingir que da igual,
a querer desde lejos para no quedar mal.

Antes se esperaba una carta con emoción,
ahora se deja un mensaje perdido en “visto” sin razón.
Tenemos mil maneras de podernos comunicar
y, curiosamente, cada vez sabemos menos conversar.

Yo quiero el amor antiguo, aunque me llamen anticuada,
el de una flor sin fecha y una canción dedicada,
el de hablar cuando algo duele, no desaparecer,
el de decir “tengo miedo”, pero aun así permanecer.

Porque amar nunca fue solo besarse y abrazar,
también era conocerse, escucharse y conversar;
era escribir un nombre al final de algún papel
y guardar una pequeña tontería porque venía de él.

Quizás el amor no ha muerto, quizás aprendió a callar,
quizás sentimos lo mismo, pero nos da miedo demostrar.

O quizás es más sencillo, aunque duela aceptar:

todos quieren sentirse amados,
pero ya nadie quiere amar.