Aún se me quiebra la voz cuando algún idiota pregunta por ti
y tengo que tragar saliva para explicarles lo jodidamente increíble que eras.
No hay poesía en esto,
solo un nudo en la garganta
y un vaso medio vacío.
Se supone que el tiempo limpia la mierda,
pero tu recuerdo sigue aquí,
pesando en el pecho
como una resaca de tres días.
Decir que fuiste maravillosa es quedarse corto,
pero hablo de ti y me rompo,
y detesto que el mundo note
que
todavía me haces falta.