Se fue el poeta en un callado vuelo,
sin pronunciar un leve «hasta luego»,
dejando un hueco inmenso en este suelo
y un brillo ajeno que apaga su fuego.
Partió el amigo sin fijar rumbo ni meta,
dejando un frío helado en cada rima;
se siente sola la palabra recta
y el alma triste de quien hoy lo mima.
Sus versos ya no resplandecen tanto
cuando la aurora lentamente brota,
y hace falta esa trova, ese canto,
que con soltura la tristeza agota.
Cuentan vecinos que lo vieron irse
con un suspiro y tierno silbo agudo,
una melancolía al despedirse
y un sudor claro en su semblante mudo.
Guardamos sus poemas del recuerdo
donde plasmó su noble fortaleza,
y entre amigos, en un afecto cuerdo,
recitamos su luz y su belleza.
Sus trovas con paciencia e inteligencia
florecen hoy en medio de la racha,
convirtiendo la pena y la impaciencia
en un cantar que el tiempo no machaca.
Lloramos hoy su ausencia tan callada,
sin una explicación para el camino,
pero queda su voz bien afianzada
en la huella inmortal de su destino.
Ni la realidad dura ni la disputa
borrarán su legado ni su alegría:
sigue vivo en la estrofa que se escuta
y en cada verso de la vida mía.
RIVAS JOSE
Barinas Venezuela
26-09-2026.