Satanás tocó tus lágrimas
y las convirtió en lumbre.
Yo, que soy un diabliyo,
toque tus espinas
y las convertí en caricias.
Dame un kilómetro de tu ausencia,
y te daré una milla de permanencia.
Dame un centímetro de olvido,
y te daré un milímetro de memoria.
Dame tu boca,
esa que besa el demonio de tus insomnios,
Y yo te daré la espina de tus demonios.
Lentamente dejo de pensarte con el corazón,
ahora te mudas al lado izquierdo de mi mente.
Hay un hueco inmenso en mi cráneo
desde que te dejé de pensar.
Tanto cielo, tantas nubes,
infinidad de estrellas…
Y yo aún quiero ser tu fuego en el infierno.
Seré tu luz, aunque estés en llamas.
Raymundo Avendaño
26 de septiembre de 2026