Anoche convino el vino
que brindásemos sin copas
poniendo a prueba mi tino
para dejarte sin ropa.
Se hizo dueño el sudor
de las sábanas mojadas
y el Sol se hizo deudor
de tu adiós de madrugada.
Entre los besos que resto
y los que tú me deniegas,
me quedaré con lo puesto
itinerando bodegas
donde el vino se conserva
guardándome los secretos
del desamor que me enerva
los errores de mis retos.
Échale sal a la herida
que desangra la hemorragia
provocada por la huida
de tu Houdini sin magia.
Experta en el desafío
de hacer la noche perfecta
dejando luego un vacío
cuando el Sol toca la puerta.
Yo volveré a mi rutina
desmantelando placeres
en ese bar de la esquina
del que huyen las mujeres.
Y tendré que releer
el verso que me escribiste
con tus labios en mi piel
llevada por el despiste
de quererme sin querer.