Imagen extraída de la web
La noche cabe al fondo de la mano,
la azul pantalla enciende su fulgor;
un dedo va trazando, soberano,
la ruta que después llamamos vida.
Hay nombres que aparecen de repente,
noticias que nos cambian la mirada;
un pulso luminoso, intermitente,
nos deja la atención hipotecada.
A veces lo consulto sin saber
qué busco entre sus cifras y señales;
me ofrece una respuesta antes de ver
la pregunta que guardo en los umbrales.
El café se enfría junto al plato,
la tarde va perdiendo su contorno;
yo sigo conversando con un dato
mientras la calle cambia allá en el fondo.
Un mensaje, otro mensaje, y la jornada
se parte en pequeños sobresaltos;
la vida queda atrás, desenfocada,
mientras cruzan mis ojos tantos saltos.
Hay una luz azul sobre la mesa,
que sabe de mis horas y mi sueño;
conoce cuándo empieza la tristeza
y cuándo ya no puedo estar despierto.
Quizá no sea malo consultar,
ni malo conversar con ese vidrio;
lo extraño es necesitar preguntar
si todavía estamos vivos.
Y cuando al fin la pantalla se apaga,
queda el cuarto respirando lentamente;
entonces algo antiguo nos interroga,
desde el silencio oscuro de la mente:
¿quién estaba mirando a quién realmente?
JUSTO ALDÚ © derechos reservados 2026