JUSTO ALDÚ

ORÁCULO MODERNO

Imagen extraída de la web

 

La noche cabe al fondo de la mano,
la azul pantalla enciende su fulgor;
un dedo va trazando, soberano,
la ruta que después llamamos vida.

Hay nombres que aparecen de repente,
noticias que nos cambian la mirada;
un pulso luminoso, intermitente,
nos deja la atención hipotecada.

A veces lo consulto sin saber
qué busco entre sus cifras y señales;
me ofrece una respuesta antes de ver
la pregunta que guardo en los umbrales.

El café se enfría junto al plato,
la tarde va perdiendo su contorno;
yo sigo conversando con un dato
mientras la calle cambia allá en el fondo.

Un mensaje, otro mensaje, y la jornada
se parte en pequeños sobresaltos;
la vida queda atrás, desenfocada,
mientras cruzan mis ojos tantos saltos.

Hay una luz azul sobre la mesa,
que sabe de mis horas y mi sueño;
conoce cuándo empieza la tristeza
y cuándo ya no puedo estar despierto.

Quizá no sea malo consultar,
ni malo conversar con ese vidrio;
lo extraño es necesitar preguntar
si todavía estamos vivos.

Y cuando al fin la pantalla se apaga,
queda el cuarto respirando lentamente;
entonces algo antiguo nos interroga,
desde el silencio oscuro de la mente:

¿quién estaba mirando a quién realmente?

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