Cuando el mantel se despliega
con aroma y con rumor,
se despierta el buen sabor
y la alegría nos llega.
La amistad aquí se anega
de risas y caldos finos,
se cruzan buenos destinos
en un plato bien servido,
y el alma halla su sentido
compartiendo los caminos.
El puchero bien paciente,
el pan tierno y el mejor vino,
van marcando un fino tino
que contenta a tanta gente.
No hay tristeza ni doliente
cuando el fuego da su abrigo,
y se sienta un buen amigo
a brindar con alegría,
celebrando en este día
el placer de estar contigo.
Entre charlas se desata
la palabra placentera,
que no entiende de frontera
cuando el afecto retrata.
Se sirve en vajilla y plata
el guiso tradicional,
y en este rincón vital,
lejos de la prisa vana,
toda angustia se subsana
con canto fresco y genial.
Que se alargue la velada
mientras quede una canción,
que no falte la ilusión
en la copa derramada.
Con la mente descansada,
la alegría nos abraza,
el afecto nos enlaza
en un río de locura,
donde goza la cordura
en esta que es nuestra casa.