Juan Roldan

La buena mesa

Cuando el mantel se despliega

con aroma y con rumor,

se despierta el buen sabor

y la alegría nos llega.

La amistad aquí se anega

de risas y caldos finos,

se cruzan buenos destinos

en un plato bien servido,

y el alma halla su sentido

compartiendo los caminos.

 

El puchero bien paciente,

el pan tierno y el mejor vino,

van marcando un fino tino

que contenta a tanta gente.

No hay tristeza ni doliente

cuando el fuego da su abrigo,

y se sienta un buen amigo

a brindar con alegría,

celebrando en este día

el placer de estar contigo.

 

Entre charlas se desata

la palabra placentera,

que no entiende de frontera

cuando el afecto retrata.

Se sirve en vajilla y plata

el guiso tradicional,

y en este rincón vital,

lejos de la prisa vana,

toda angustia se subsana

con canto fresco y genial.

 

Que se alargue la velada

mientras quede una canción,

que no falte la ilusión

en la copa derramada.

Con la mente descansada,

la alegría nos abraza,

el afecto nos enlaza

en un río de locura,

donde goza la cordura

en esta que es nuestra casa.