Oscar Valero

Un poema bien logrado.

Un poema bien logrado

se escribe para el alma

o desde el alma,

sin importar

qué tanto pueda incomodar

a algunos.

Se busca la perfecta comunión

entre letras

y pensamientos.

Se necesita orientar

los sentimientos

hacia una apología

de lo incierto.

No es necedad

escribir para apreciar la palabra,

pues no todos

tocamos la misma nota,

ni la escuchamos

de igual manera.

El poema suele ser

un diálogo

con mi verdad,

con lo que siento

y pienso,

o con lo que creo

sentir y pensar.

Las letras fluyen

de mis dedos

en perfecta conexión

con mis pensamientos.

No es forzoso

ni una obligación;

es inspiración

que sale del corazón.

El pensamiento

no siempre se construye

con la razón,

y la razón

no siempre aparece

en el amor.

Son solo esquirlas

de emoción

que penetran la sensación

de estar

donde se cree

que se debe estar,

aun pudiéndonos equivocar.

Cada párrafo escrito

suele ser una realidad

de la irrealidad

que a mis sentimientos

suele acompañar.

No porque busque justificar

mi terquedad,

sino porque siento

que todo inconcluso está.

Retomar mis ideas

y mis pensamientos

busco

cuando el teclado

suelo digitar,

pero me asaltan

borbollones

de incertidumbre

e inseguridad,

los cuales,

al escribir,

quiero olvidar.

El poema bien logrado

busco escribir,

pero no puedo caer

en engaños

al percibir

que, por más que lo busque,

tal vez no pueda existir.

Porque un poema

solo estará bien logrado

para el lector indicado,

para aquel

a quien le robe un suspiro

las letras

que han digitado mis manos.