Escribiré en tu roca milenaria
y al descorrer el velo del encanto
sabrá el atardecer del dulce canto,
que asemeja ä trino y es plegaria.
Todo un verso que trepe la maraña
y baje con la brisa y la madera
orlada de verdor su cabellera
entre el telar sagrado de la araña.
Un soneto al arroyo pasajero
que ríe de la lenga y su estatura,
del solemne coihue ÿ su armadura,
mientras sigue su inquieto derrotero.
Será un cántico que jamás se pierde
por los senderos de tu patria verde.
Derechos reservados por Ruben Maldonado.