Aquí estoy, frente a ti:
de rodillas, pero en pie.
Paradoja de términos que se buscan
sin hallar el modo exacto
de pronunciar un «te amo».
De rodillas, mas no vencida;
sin peticiones ni reclamos.
Es la forma que elijo
para presentarme ante tu altar.
Tu magnificencia me impide
siquiera alzar el rostro;
no es vergüenza, sino el pulso
de mi finitud ante tu infinitud.
Abba Padre, te glorifico y agradezco
por tu amor inefable y por tu abrazo,
por ser el faro constante
mientras yo caminaba entre las sombras.
Aun en lo oscuro, supe que eras sostén;
entre tinieblas, de tu mano me aferré.
Cuando caí, me pusiste de regreso,
pues el lodo que me envolvía
jamás te escandalizó.
Abba Padre, hoy sigo en pie
porque tu cayado me infundió aliento.
Porque en la carencia me colmaste
y en la fragilidad, con tu luz resplandecí.
Mi lámpara está llena mientras aguardo
el instante justo de tu llamado;
mi voz, aunque casi sin aliento, se hace oír,
pues me otorgaste el poder de la palabra escrita.
Abba Padre, te reconozco en mí
por cada una de tus maravillas.
Y me reconozco en ti: esa es mi fortaleza.
Abba Padre, mi nombre está grabado allí.
Es tu promesa y mi absoluta certeza
Mirta sly
Abril 2026