Ante lo bueno y lo malo,
la duda y la incertidumbre,
la evidencia o la claridad.
Por obligación o por devoción,
o simplemente dejando pasar el tiempo.
En Amberes, Ciudad de México,
Santo Domingo o Puerto Rico;
en cualquier rincón del mundo,
cerca o lejos del mar.
Con la mochila a cuestas:
lo bueno y lo malo,
la duda y la incertidumbre,
la evidencia y la claridad.
En cada pensamiento, palabra y acción;
sin vacilar,
consciente y sereno,
sin incongruencias ni artificios.
Vivir el presente
sin renunciar al pasado,
porque tiempo y presencia
son tesoro y oportunidad.
Y porque el futuro empieza
en aquello que pensamos,
en aquello que decimos
y en aquello que hacemos.
Es una oportunidad
para que el tiempo no pase en vano...
para que pase de verdad.