Espantapájaros

Cuatro libras y un delirio

Reconozco este claustro,
mi cabeza es la puerta
con candado y dos pestillos.
 
De pie, en la antesala,
mis dedos fingen personas.
 
Y yo a salvo en esta rama
que ya se quebró mil veces.
 
Sobrevivo,
oculto en este cuerpo
donde mis dientes
no me pueden alcanzar.
 
Como una luz que parpadea
su propia terquedad.
 
Tengo cuatro libras y un delirio.
 
Y jamás me contradigo.
 
Salgo por las noches,
llego siempre de mitad.
 
Jamás dejo mi llave:
temo quedar fuera
de mi pensamiento.