Somos umbrales entre chimeneas, fatiga en los días más hermosos y sonrisas cuando la vida nos escupe.
A veces somos mugre de lo que deseamos y otras veces somos refugio para los olvidados.
Porque aún entre la basura de los escombros elitistas, tenemos nombre, tenemos el gozo de mirar y de reír.
Y nos apagan, nos matan, pero la llama de la esperanza no se apaga; se apaga cuando nuestro reflejo nos traiciona.
No soy nada si no concedo un gramo de felicidad a quien pide o a quien reniega de su vida.
Soy poco si me canso y al lado mío quien cuenta las monedas está agradeciendo.
Egoísta desde el nacimiento hasta la muerte si no encomiendo mi felicidad sobre la de otros.
Pues hoy, que la humanidad escasea de empatía, hoy sacudimos el polvo de donde hemos venido.
Agradece.