Ramiro E. Ruales Jurado

En silencio

Colocó la rosa sobre el féretro,       

cerro sus ojos y exsalo.

Con suavidad y delicadeza, 

lentamente de su amor se despidió.

Sus ojos bien cerrados, 

y en un instante inesperado,

su alma se quebró.

Y ahora baga sin rumbo,

sola, en profunda soledad, 

existiendo entre abrojos anhelando el funeral,

envuelta en los recuerdos de una vida que se da.