Colocó la rosa sobre el féretro,
cerro sus ojos y exsalo.
Con suavidad y delicadeza,
lentamente de su amor se despidió.
Sus ojos bien cerrados,
y en un instante inesperado,
su alma se quebró.
Y ahora baga sin rumbo,
sola, en profunda soledad,
existiendo entre abrojos anhelando el funeral,
envuelta en los recuerdos de una vida que se da.