Por compulsión la lengua no germina,
La palabra se atasca.
Es al parir la pena,
en el alumbramiento de una euforia,
o en medio de algún lapsus visionario, que nace el escribiente.
Vidente de las cosas y las causas.
Poeta indagador de ideologías, de fórmulas utópicas.
Un perfeccionador de las heridas.
Es desenterrador de las brutalidades
que encarnan en sus dedos,
en su sangre,
y a la hora de narrarlas les duelen y lastiman.
Mentiras también dice,
con prosas y proezas
o en lírica con rima,
sin maldades.
Así, el ser humano escribidor, se arrima distraído a otras vidas,
un poco menos duras,
un poco menos frías
y donde nunca sobran las palabras.
Andrea