La imagen de la fotografía, tomada hoy en Gantes, Bruselas,
según quien la observe y cómo lo haga,
seguro da lugar a diferentes sentimientos e interpretaciones.
Desde los ojos y la percepción de quien suscribe, ha dado lugar a este texto, que se presta al análisis y la reflexión...
Mientras el barco rasga el manto del río, dejando su huella al pasar,
abriendo un camino bajo el cielo gris y confundido,
que a lo largo del día se atrevió a despertar.
Ya sea en Gantes, Barcelona, Nueva Delhi o Nueva York,
allá en lo alto, más allá de los ojos del observador,
se divisa un mundo de incertidumbres, sin luz ni sol.
Pues todo el mundo anda enchufado a su propio universo y ordenador,
dentro del espejo, dentro del ordenador.
Pero quien se mira en el espejo,
fuera de su mente,
alejado de su yo;
ya sea en Gantes, Barcelona, Nueva Delhi o Nueva York...
deja de ser un microchip
y sale del juego impuesto por el ordenador,
más consciente y despierto
que dentro del sistema,
creyendo estar activo
sin encontrar solución.
Cuando, en realidad,
te encuentras dentro del espejo,
dentro del ordenador.
Y así, más allá del espejo,
fuera del ordenador,
no hay mejor cura que la de ser uno mismo.
Y, ¿por qué no?
Que así sea...
generación tras generación.