Serías tan buen actor
que vería todas tus películas
solo para volver a creer
en el amor que tú me arrebataste.
Y así, quizá,
no dolería tanto
como vivirlo en realidad.
¿Y cómo pudiste?
¿Cómo pudiste fingir tan bien?
Esa mirada
que confesaba todo
lo que no te atrevías a decir.
Esas caricias,
que a la mañana siguiente
ya no existían.
Y aquella noche bajo la lluvia,
cuando me enseñabas a patinar,
agarrando mi mano
por la carretera oscura.
Mientras los dos sabíamos
que aprender no era importante.
Ni un poco.
¿Qué esperaba
si, en realidad,
sí eras actor?
Que irónico.