que la materia defiende su volumen;
por eso dos cuerpos no pueden
ocupar el mismo espacio
sin chocar bajo la presión.
Insiste la física:
ningún cuerpo soporta compañía
en ese territorio
que lo viste y lo aguanta.
Y sin embargo,
cuando tu presencia me roza,
mis electrones palpitan,
buscando el estado
donde podamos coincidir.
Mi estructura se reorganiza.
En ese límite
donde la impenetrabilidad se rinde,
nace una física secreta.
Y ya no hay margen
ni vacío posible en esta trama.
Nadie, nadie, nadie
podrá habitar la coordenada
que dejamos sellada entre los dos.
La ciencia lo confirma:
la materia que fuimos al unificarnos
no admite otra presencia.
Este espacio ya no es de la física;
es el único lugar del mundo
que solo nos pertenece a ti y a mí.