Un hombre ya sentenciado
solo observa su destino;
sueña con él moribundo,
tanto se torció el camino.
Tuvo una esposa e hijos,
pero a todos ellos los mató;
por no gozar de sus sentidos,
en el juicio él se retrató.
Como alguien incomprendido,
al no darles una vida alocada,
se considera el más cuerdo;
con sus manos les fue dando
una muerte a sus tres familiares,
pues los amaba con pasión.
Lágrimas caían de sus lagrimales,
pues los amaba de corazón.
Autor: Samuel Fuentes