Con el manubrio marchito de melancolía,
la pulpa de la cereza se dispone
a golpear su encallado delirio de cintura etérea.
Ahora que ningún perfil de mil colores lo bruñe
bajo el vestido rojo del tiempo manchado de enojo.
Hay alumbramiento y desconcierto
con un sedimento hormonal
en que todo parece ser malentendido.
Lo que ayer fue sensato hoy se sustenta
sobre un colmillo frutal y dialéctico,
haciendo añicos la firmeza diurna de la mala suerte.
En una fisura del destino, la sidra emborracha
el paisaje del cansancio,
y la naturaleza involuntaria arde
como un gesto a quemarropa.
Lamidos de ebriedad que sofocan al mundo
hacia una grabación tartamuda.
La superficie del detalle ahora solo machaca la rendición.
¡Ciruelas del temblor y del teclado! Sangre que calla
en el origen indómito del crisol;
y ante el reino del susurro,
el índigo es incierto e imperativo.
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2026
Ivette Urroz.
Ivette Mendoza Fajardo
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