Cuando la noche nos llame
Un día la tierra pronunciará nuestro nombre
con la misma voz con que llama a las hojas
cuando el otoño las desprende de sus ramas.
Entonces dejaremos atrás
las habitaciones donde fuimos felices,
las fotografías, los relojes,
las manos que alguna vez nos sostuvieron
cuando el miedo entraba silencioso por las ventanas.
La muerte vendrá sin preguntar
qué hicimos con nuestros años,
si fuimos ricos o pobres,
si llevábamos coronas
o apenas el polvo de los caminos.
Vendrá para todos.
Para el hombre que levantó su orgullo
hasta tocar las nubes,
y para aquel que nunca tuvo
más techo que una estrella.
Para la mujer que guardó su belleza
como quien guarda una flor entre las páginas,
y para el anciano que aprendió demasiado tarde
que ninguna primavera pertenece para siempre
a nuestras manos.
Y cuando descansemos bajo la tierra,
qué pequeñas parecerán nuestras guerras,
qué inútiles los rencores,
qué pobres las palabras que dijimos
para herir a quienes amábamos.
La tumba no preguntará por nuestros títulos.
No reconocerá apellidos,
ni distinguirá al poderoso del olvidado.
Todos tendremos el mismo silencio
sobre los párpados.
Pero quizá la muerte no sea solamente ausencia.
Quizá sea una puerta cerrada
desde este lado de la vida,
y detrás de ella exista una luz
que todavía no sabemos nombrar.
Quizá el alma, cansada de su largo viaje,
encuentre al fin un lugar donde descansar,
como el pájaro que después de cruzar la tormenta
descubre una rama tranquila
y deja de luchar contra el viento.
Por eso no temo tanto a la noche,
sino a llegar hasta ella
sin haber amado lo suficiente.
Porque al final,
cuando todo lo demás se vuelva polvo,
tal vez solo permanezca
la ternura que dejamos en otros corazones,
el abrazo que no negamos,
la palabra que llegó a tiempo,
la mano que tendimos
cuando alguien estaba cayendo.
Y si alguna mañana
alguien camina sobre nuestra tumba,
que no encuentre solamente una piedra.
Que encuentre, bajo la hierba,
la memoria de un corazón
que alguna vez latió con fuerza,
que conoció el dolor y la esperanza,
que amó bajo este mismo cielo
y que, aunque ya no pueda hablar,
todavía diga en silencio:
No viví para siempre,
pero mientras tuve vida,
quise dejar un poco de luz
en el camino de los que venían detrás.
—Luis Barreda/LAB
Montrose, California, EUA
Diciembre, 2020
Género: poesía lírica
Forma: verso libre.