A veces dejo flotar mi pluma
para sentir su peso,
mientras me dejo caer del
cuerpo fuera de mi piel solo
con la desnudez de mi alma.
Unas hojas otoñales ocre
pendulan sobre mi respirar,
cuando un breve instante
suspendido espera ser atrapado
por la pluma, pronto, comienza
a garabatear todo lo imaginado,
al tiempo que la tinta late vital,
un rayo de sol furtivo acaricia
una fragil brisa, justo donde
una lágrima trémula asoma;
al sentir el canto de un pequeño
gorrión que descansa alegre sobre mi calma pluma.