Luisa Arciniegas

Dejar que arda

Tener el valor


de mirar fijamente el sol,

 

así,
de frente.

 

Dejar que arda,


que queme,


que ciegue.

 

Entonces los ojos vencidos


se entregan a la oscuridad

 

para volver frente a este mundo


que quiere ser visto


en las flores que despiertan,

con los besos del sol,

 

en el brillo del agua

 

y el color


del canto del niño