Maté a mi sombra
en la penumbra de mis versos huecos,
ante una rumba de lluvia y sol
Y me proclamo fundador
de destinos imposibles,
amo de un volcán de suspiros
y lágrimas de amor divino.
Cuando el cristal de las memorias
atraviesa mi garganta,
ruge el fuego en Babilonia,
canta la alondra en Sión.
Ramas muertas buscan néctar
pero encuentran pies de plomo,
y una fuerza antes secreta
se alza como un humo de oro.
Ahora camino con la lumbre
de tu astro-corazón,
y la esquiva noche duerme,
teme encontrarse tu calor.