Nuria de espinosa

Cuando el alma se queda sin aire

Hay días en que el pecho pesa,

aunque nadie pueda verlo,

y el corazón corre deprisa,

descalzo,

sin saber hacia dónde hacerlo.

 

La memoria se llena de voces,

de relojes, de pendientes,

roncando futuros que aún no existen

y temores insistentes.

 

Entonces el cuerpo inundado,

reclama

lo que el orgullo le niega:

un instante sin obligaciones,

un silencio que lo sostenga.

 

Y aprendo, poco a poco,

que descansar no es rendirse,

que soltar algunas lágrimas

también es una forma de vivir.

 

Porque hasta el árbol más fuerte

necesita que el viento cese,

y hasta el alma más valiente

merece un lugar inclinado donde duerme.

 

Quizá mañana todo siga,

pero hoy me permito parar;

cerrar los ojos, respirar despacio

y volver, simplemente, a mí.