Te miro, pero realmente te miro
como quien sabe que ese mirar quizás sea la última vez.
Perdiéndome en tus ojos, donde habita tu esencia.
Y me detengo a observar las comisuras de tus labios mientras te ríes y hablas,
para luego contemplarte en tu totalidad
y veo aquel juvenacho de quien me enamoré
por allá en aquellos años mozos de nuestra juventud.
Te tomo la mano para sentirla junto a la mía
y contemplar nuestro recorrido al ver nuestras manos unidas,
ya no tan jóvenes, pero tampoco tan marchitas.