A falta de flores, siempre hay alternativas.
Hoy traigo flores amarillas,
no para adornar la tarde,
sino para poner luz en tu nombre
y que el otoño de mis dudas
no encuentre dónde esconderse.
Las escogí como quien recoge del sol
un puñado de pequeñas promesas,
y las llevé hasta tu puerta
con el corazón descalzo.
Cada pétalo conoce tu secreto,
cada tallo pronuncia tu presencia,
y en su amarillo tiembla una música
que solo escucha mi esperanza.
Si alguna vez la tristeza
toca despacio tu ventana,
deja que estas flores le cierren el paso;
que sepan decirte lo que mi voz calla
cuando el amor me deja sin palabras.
Porque amarte no es poseerte:
es contemplar cómo floreces
sin arrancarte tu primavera.
Y si mañana el tiempo las marchita,
habrán cumplido su destino:
llevar hasta tus manos, por un instante,
la parte más luminosa de mi alma.
JUSTO ALDÚ © Derechos reservados 2026