Maia,
Que sean tus retoños abundantes como la primavera.
Haya alegría en todos los vientres.
Que nadie opaque el gozo que la vida otorga.
Sepan los hombres abrazar tu fruto.
Aprecien la semilla que migra de lo alto,
absorta en su misión benefactora.
No te dejen nunca sola, Maia,
ni renieguen de la fertilidad que te desborda.
Tú, confía en las alturas y en lo sobrehumano,
pequeña madre protectora.
Sepa tu sonrisa dar certeza
de esa conexión que te respalda
y te vuelve fructífera.
Alumbre tu vientre
a la confundida muchedumbre
que ansía la paz con terrores de muerte.
El germen de vida que ensancha tu cintura
nos devuelva a la existencia.
Andrea