Tu silencio me condena
al abismo de tu olvido,
y este corazón herido
se desgasta con la pena.
Donde hubo fuego ardiente
hoy solo queda la cera,
una triste primavera
que se apaga lentamente.
Ya no buscan tus miradas
el refugio de mi boca;
la promesa que fue roca
hoy son cenizas heladas.
Fuiste luz en mi sendero
y hoy la sombra me devora;
el alma en la noche llora
deseosa de un “te quiero”.
Giro al fin en mi camino
libre ya de tu atadura
que ni toda esta amargura
vencerá tal desatino.
Classman