Cuando regresé ya no estabas,
la casa estaba vacía
y sobre la cama desarreglada
tiritaban tus sabanas y vestidos,
observados por el asombro
de tus libros y acuarelas
que desde tu mochila tirada al piso
se abrazaban
a la incertidumbre.
Busque que habías dejado
pero todo te lo habías llevado,
y ni mi vida he podido encontrar.
William Irving Howard López.
Nicaragua, C.A.