ALGÚN DÍA, CATALINA
Cinco años han pasado
y todavía pronuncio tu nombre
como quien enciende una luz
en medio de la noche.
Catalina…
hija mía,
no sé dónde comienza tu silencio
ni dónde termina mi espera,
pero mi amor por ti
nunca aprendió a despedirse.
A veces me duele el pecho
cuando pienso en tu ausencia,
porque hay dolores que no gritan,
solo se quedan viviendo
dentro del alma.
No te culpo.
No te persigo.
No quiero romper la distancia
que hoy nos separa.
Solo quiero que sepas
que aquí estoy.
Con los años encima,
con mis errores y mis aciertos,
con la vida enseñándome
que el tiempo no siempre cura
lo que el corazón todavía espera.
Y si algún día
nuestros caminos vuelven a encontrarse,
no habrá reproches.
Habrá un abrazo.
Uno de esos abrazos
que llevan cinco años esperando
para decir, sin palabras:
“Hija, te amo.
Siempre te amé.
Y nunca dejaste de ser
parte de mi vida.”
Hasta entonces,
seguiré caminando.
Con fe.
Sin rencor.
Con la puerta del corazón abierta.
Porque hay amores
que pueden conocer la distancia,
el silencio
y hasta el tiempo…
pero nunca el olvido.
Algún día, Catalina.
Algún día nos volveremos a encontrar. 🕊️