Te pido que me escribas;
que me escribas a mí
porque no estoy escrito
ni las páginas del aire
ni en las piedras del tiempo
ni en las líneas de tus manos.
Te pido que me leas,
que me recites a media plaza,
que me deletrees o me cantes
para que todos sepan
que soy criatura de tu boca
y un violín en tu respiración.
Te pido que me aprendas
como si me escribieras con tus ojos,
como si me leyeras con tus dedos,
como si me recordaras como yo;
para que me sepas de olvido
cuando me borres de memoria.
Olvera, P. México, 03 de enero de 2015